La pobreza es nuestra mayor riqueza
Cómo vivimos y cómo damos determina la bendición de nuestras vidas, tanto aquí como en el mundo venidero.
La brillante elocuencia de San Juan Crisóstomo causó una impresión tan profunda que a menudo era interrumpida por el atronador aplauso de su congregación. A menudo llamado el «Predicador de la misericordia», el «Ojo iluminado del arrepentimiento» y, sencillamente, el más grande expositor de las Escrituras que jamás haya vivido, sus homilías sobre la parábola evangélica del rico y Lázaro son algunos de sus sermones más ardientes y llenos de gracia. En ellas se muestra el tema predilecto del santo: la necesidad de que todos los cristianos vivan en compasión y amor fraternal, brindando siempre limosnas espirituales y materiales a todos los necesitados.



